Mindfulness para niños

Mindfulness para niños

Desde edades tremendamente tempranas la sociedad actual nos exige llevar un ritmo vertiginoso, sobre todo si habitamos en grandes ciudades. Vivimos en un mundo lleno de prisas, de agendas larguísimas cargadas de horas lectivas, deberes, actividades extraescolares, reuniones, y un largo etcétera de obligaciones que debemos asumir y normalizar en nuestro día a día si queremos ser competitivos y no sentirnos frustrados o marginados. Todo es tan complejo y tan agotador, que la frustración y el estrés son prácticamente inevitables si no somos capaces de parar unos minutos al día y dedicarlos a nosotros mismos, a oxigenar y calmar nuestra mente.

Cuando somos conscientes de que hay que parar, y de que necesitamos un respiro al día —pero un respiro de verdad, no el de las chocolatinas— que nos permita salir de esa vorágine y serenarnos unos instantes, en la inmensa mayoría de las ocasiones, somos ya adultos y es mucho más difícil aprender a tener quietud, a estar en silencio, en definitiva a meditar. Como no lo hemos entrenado desde pequeños, lograr estos momentos de paz y aprender a meditar con éxito es mucho más complicado. Igual que aprender idiomas, tocar un instrumento o practicar un deporte, cuanto más tarde empecemos, más difícil nos será hacerlo bien.

Y es que hasta ahora, en los colegios, en nuestra familia, en la mayoría de nuestros círculos y entornos, nadie nos dijo durante nuestra infancia cómo entrenar nuestra mente para la tranquilidad. Craso error. Por suerte, en la actualidad muchos docentes, psicólogos, padres y en general muchas personas, se han dado cuenta de la importancia de prácticas como la meditación o el yoga desde edades tempranas y están comenzando a concienciar sobre los beneficios que este tipo de actividades de relajación tienen sobre todo el mundo en general y sobre los niños en particular.

El mindfulness o “atención plena” nos enseña a prestar atención al momento presente, a las emociones y pensamientos, a todo lo que nos rodea, aceptándolo sin juzgarlo y sin preocuparse por el pasado o el futuro. De esta forma, evitamos la ansiedad y el estrés. Y no solo está al alcance de los adultos, sino que la práctica en los niños es verdaderamente positiva, logrando grandes beneficios.

Tanto es así, que el mindfulness ya ha comenzado a impartirse en algunos colegios españoles, tal y como relatan en este artículo, del que podemos extraer unas asombrosas cifras sobre los beneficios del mindfulness en el entorno escolar, que muestra la directora del colegio Ramiro Solans de Zaragoza donde se enseña esta práctica a los alumnos: “si en el curso 2006/2007, un 30% de los críos presentaba problemas de conflictividad, en 2013/2014 el porcentaje ha caído hasta el 7%. El absentismo escolar se ha reducido en un 70%. Y la proporción de alumnos que pasa al instituto con todas las asignaturas aprobadas ha crecido del 5% al 70%.”

Hay muchos niños inquietos, con déficit de atención, problemas de insomnio, dificultad para relacionarse, incapaces de concretarse en las tareas, para los que sin duda, la práctica del mindfulness puede tener magníficos resultados.

Kids_Yoga_Camp

¿Cómo lo logramos? ¿Cómo podemos poner en práctica el mindfulness? ¿Por dónde empezar? Estas son algunas de las dudas que pueden surgir si queremos arrancar. Para ello, hay ya profesionales formados y preparados. Pero, además, hay herramientas tipo guías, muy fáciles de usar, que nos ayudarán a comenzar con la práctica de forma exitosa. Una de estas guías con buena reputación, sobre todo entre psicólogos y docentes, es el libro “Tranquilos y atentos como una rana” que proporciona meditaciones conducidas, breves y con un lenguaje sencillo y cercano muy accesible para niños.

 

Antes de terminar, un breve resumen de los beneficios del mindfulness en los niños:

  • Su atención mejora y gracias a ello también su manera de aprender, de fijar conceptos y por ende su rendimiento académico.
  • Mejora la
  • Adquieren una mayor capacidad de concentración y son capaces de evitar las distracciones con más facilidad.
  • Les ayuda a controlarse emocionalmente, les aporta sosiego y les permite regular sus estados de ira, angustia o agresividad.
  • Aprenden a conocerse mejor a ellos mismos y a su entorno. No les da miedo analizar sus sentimientos, y desarrollar una gran capacidad de introspección.
  • Sus habilidades sociales mejoran, aprenden a relacionarse mejor con los demás, desarrollan cualidades tan valiosas como la compasión, la empatía o la equidad.

 

 

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