La historia del bingo

La historia del bingo

El bingo es uno de los juegos de azar más populares de todos los tiempos. Se juega introduciendo una serie de bolas con un número en el interior de un bombo —un recipiente generalmente metálico y circular, con una manivela (en la actualidad, los hay electrónicos y automáticos, más sofisticados) en el que las bolas se mezclan—. Se reparten aleatoriamente unos cartones con números a cada jugador. Una persona se encarga de extraer las bolas numeradas del interior del bombo y de cantarlas para que todo el mundo lo escuche y chequee si posee ese número en su cartón. En caso de que el jugador tenga dicho número, deberá tacharlo o taparlo y así sucesivamente hasta tener completo todo el cartón —lo que sería tener bingo— o una línea, que también es una jugada importante.

La historia del bingo

El origen del bingo es un poco difuso, pero se cree que comenzó durante la época romana. En lugar de números se jugaba con figuras y símbolos, y también se utilizaba como una técnica para recaudar dinero, no solo como un mero divertimento. También hay teorías que se remontan a la época de los bávaros.

El juego, tal y como lo conocemos hoy en día, tuvo su origen en Italia durante el siglo XVI, donde se llamó Giocco del Lotto d’Italia y se trataría de un juego similar al de la lotería. Posteriormente llegaría a la Francia aristocrática, dándose a conocer como Le Lotto, popular entre la clase burguesa. A partir del siglo XVIII su crecimiento fue imparable y se expandió por todos los países de Europa.

Se cree que alrededor del año 1800, en Alemania, este juego se usaba como apoyo educativo para que los niños aprendieran matemáticas y otras materias de forma lúdica y divertida.

La historia del bingo

Casi un siglo más tarde, el bingo desembarcó en EE.UU, concretamente en Atlanta, se jugaba en las ferias y festivales ambulantes que recorrían la geografía, y se popularizó con el nombre de beano —ya que entonces los jugadores tapaban los números con alubias, en inglés beans—. Un año más tarde, un vendedor de juguetes neoyorkino, Edwind S.Lowe, fue a Atlanta y descubrió el juego del beano, con el que la gente se divertía enormemente y causaba verdadero furor. Jugó y se fijó muy bien en cómo se hacía y en qué consistía realmente y cuando regresó a Nueva York, lo puso en práctica con algunos amigos y conocidos comprobando, prácticamente al instante, cómo estos también se enganchaban rápidamente al juego con el mismo fervor que observó durante su visita a Atlanta. Tanto es así que la persona que iba ganando y a la que apenas le quedaba un número para completar su cartón, se iba poniendo cada vez más nerviosa y excitada. Cuando el locutor cantó el último número, el jugador se puso tan nervioso e ilusionado que gritó ¡BINGOOO! en lugar de beano, así que este error es la causa del actual nombre del juego (o al menos eso cuenta la leyenda).

La historia del bingo

En los años 80 el bingo gozó de todo su esplendor, se convirtió en una de las formas más habituales de entretenimiento entre la población y se abrieron multitud de salas por todo el mundo.

Actualmente, este juego de azar sigue teniendo muchos adeptos. La incursión de las nuevas tecnologías e internet ha permitido que también pueda jugarse online. Sin duda, los juegos de mesa de bingo son una manera estupenda de pasar un rato divertido en familia y con los amigos.

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