Juego simbólico: jugando a ser mayores

Juego simbólico: jugando a ser mayores

Los juegos de imitación son aquellos en los que niños y niñas imitan los movimientos, gestos, sonidos, etc. No hay que confundirlos con los llamados juegos simbólicos en los que los niños juegan a ser mayores, imaginan ser enfermeros o enfermeras, cocineros, policías, peluqueros, profesores o cuidan a sus bebés de juguete.

Los juegos simbólicos aparecen de forma casi innata en los más pequeños de forma espontánea. Todos lo hacemos sin necesidad de ser inducidos a ello, ni de ser forzados a hacerlo, nos sale de forma natural. Es nuestra forma de sentirnos parte de nuestro entorno y de aprender a relacionarnos con él y con nuestros semejantes.

Son juegos espontáneos porque se desarrollan como cada uno quiere, sin un programa u orientación educativa, sin que nadie evalúe ni valore. Puede que durante estos juegos se aprenda algo o sean simples divertimentos, pero sí que sirven para expresarse emocionalmente, liberar tensión y son una parte importante del desarrollo evolutivo.

La capacidad de simbolizar se adquiere a partir de los 2 años de edad, y es entre los 3 y 5 años (dependiendo de cada cual) cuando se desarrolla completamente pues es el momento en el que se pasa a otro tipo de juegos que no son únicamente manipulativos. Lo normal es que en un primer momento se imite a las personas que los niños y niñas tienen alrededor, dado que además les une un vínculo afectivo.

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Cuando son más pequeñitos, imitan situaciones y conductas frecuentes, como alimentar a un bebé-muñeco, hacer que conducen un coche, etc. De los 3 a los 4 años, las situaciones recreadas se vuelven más complejas y elaboradas: recrean la escena completa, imitando todos los elementos que habría en esa situación si fuese real. Utilizan objetos y elementos de su entorno habitual para imaginar que son objetos del mundo simbólico que están recreando (por ejemplo, usar un lapicero a modo de peine para peinar a su muñeco).

Entre los 4 y los 5 años, el juego simbólico pasa a ser colectivo, se comparte el juego con otros niños y todos aceptan su rol en esa situación. Por ejemplo, juegan a ser una familia en la que uno es el padre, otra la madre, otros los hijos, los abuelos, etc. También se puede recrear el colegio con una profesora y varios alumnos, por ejemplo. Este tipo de juegos nos permiten observar cómo comprende nuestro hijo el mundo y cómo se relaciona con él, de esta forma veremos el grado emocional y cognitivo que ha alcanzado en ese momento de su vida.

Aunque no hay que precipitarse ni sacar conclusiones erróneas de este tipo de juegos; cuando un niño juega a ser médico, no significa que quiera convertirse en un doctor necesariamente, del mimo modo que si juega a ser el malo en “policías y ladrones”, no significa que quiera dirigir su vida por el mal camino. Simplemente se están divirtiendo, expresando sus vivencias, su mundo mental. Esto es un juego en el que hay que dejarles jugar sin juicios, sin normas, simplemente jugar.

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