Diversión al aire libre: Los niños necesitan jugar fuera

Diversión al aire libre: Los niños necesitan jugar fuera

Actualmente vivimos en una era tecnológica, los niños parecen nacer con una habilidad especial, casi innata, para manejar dispositivos móviles, como las tablets o los smartphones. La cantidad de aplicaciones calificadas como infantiles es enorme y los niños pueden encontrar infinidad de juegos para entretenerse en cualquier sitio. Todo esto, sumado a la cantidad de opciones de juego que pueden encontrarse en Internet, sin olvidarnos de las ya clásicas videoconsolas, o la cantidad de horas que los pequeños pasan consumiendo televisión, hacen que los niños salgan cada vez menos a jugar a la calle, a disfrutar del juego al aire libre, en el campo, en el jardín o en el patio.

Pero debemos ser conscientes de los inmensos beneficios que tiene para los niños jugar al aire libre. Hay que volver a nuestra infancia y tratar de mostrarles otras maneras de divertirse, tal y como nosotros lo hacíamos cuando éramos pequeños. Es recomendable aparcar durante un rato la tecnología e intentar cambiar ciertos hábitos y rutinas para que los pequeños no caigan en el sedentarismo y no se pasen más de la mitad del día mirando una pantalla.

Muchas veces creemos que manteniéndolos en casa los estamos protegiendo de posibles agresiones externas. Es cierto que si no estamos seguros de que no corren ningún tipo de peligro, debemos estar atentos mientras ellos juegan, pero sin obsesionarnos ni sobreprotegerlos. La sobreprotección tampoco es buena, porque les hará miedosos o asustadizos.

Que corran, salten, trepen, se encaramen a los árboles o a los columpios. Hay que brincar, subirse o deslizarse. Todas estas actividades son importantísimas para fortalecer músculos y huesos. Además de desarrollar el equilibrio, la elasticidad y la psicomotrocidad. A veces podrán darse algún coscorrón, pero seguro que habrá valido la pena. El golpe pronto se les olvidará, pero el momento de diversión permanecerá. La suma de estos momentos, hará que sean niños felices que probablemente se convertirán en adultos felices.

Lil’ Monkey

El juego al aire libre permite que los niños conecten con su entorno, con la naturaleza, y que aprendan a amarla y respetarla. Además, estar en contacto con la naturaleza les hará curiosos, con ganas de explorar y conocer el fantástico mundo que los rodea.

Jugar al aire libre también fortalece el sistema inmunitario. Al hilo de reforzar las defensas del cuerpo, os contamos una anécdota: en países con mucho frío, como por ejemplo Noruega, los niños en el colegio salen al patio incluso cuando las temperaturas son muy bajas. Se abrigan bien y acuden a jugar con sus compañeros. De esta forma, se habitúan a su entorno, a la climatología del lugar, y su cuerpo se amolda con mayor facilidad a los fríos intensos. Por el contrario, el sol aporta al cuerpo vitaminas fundamentales para su correcto desarrollo, como por ejemplo la vitamina D —eso sí, si vivimos en un lugar con un sol muy fuerte, es necesario que utilicemos cremas de protección solar, para que los rayos UVA no dañen la piel de los peques—.

Otro beneficio para la salud es que hacer ejercicio y permanecer activos es la mejor forma de combatir la obesidad infantil, un problema preocupante hoy en día.

Jugar con los otros niños en el patio o en el parque fomenta la socialización, ayuda a que se relacionen con más facilidad y de forma más saludable.

Los niños deberían realizar un mínimo de una hora diaria de juegos al aire libre. Esto hará que liberen tensiones y energía, lo que se traducirá en una mejora del sueño y por ende del descanso del pequeño.

Los juegos al aire libre nos permiten pasar ratos de calidad con nuestros hijos, montando con ellos en bicicleta o patines, ayudándoles a construir un castillo de arena, enseñarles a volar una cometa, o animarles a escalar su columpio preferido. De este modo, mejorará notablemente la relación de los padres con los hijos y viceversa.

¡Vamos, todos a jugar!

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