De padre vencido a padre vencedor: Cómo cambiar el aburrimiento por diversión

De padre vencido a padre vencedor: Cómo cambiar el aburrimiento por diversión

Si tienes a pequeños a tu alrededor, seguro que alguna vez te habrás identificado con eso que pronunció un padre allá por el principio de los tiempos: “Cuando los niños son pequeños, te los comerías; cuando crecen, lamentas no habértelos comido”. Pero no te preocupes, no hace falta que vayas a por las especias y calientes el horno. Existe un remedio infalible para que esos momentos de frustración se conviertan en momentos de conexión. Depende solo de ti y consiste en que lo transformes todo en un juego. Sigue leyendo y verás que es mucho más sencillo de lo que crees.

Ser padre no es fácil. Al ritmo frenético de la vida diaria hay que sumarle las exigencias de la crianza de los hijos. Debido al estrés y a la falta de tiempo, a menudo estamos más preocupados por el resultado final (¡que se coma ya el maldito brécol!) que por lo que está ocurriendo realmente. Es por eso que aunque empezamos bien, en algún momento acabamos reprochando, sermoneando y, a veces, en una reprimenda. Un rollo para todos. Antes de llegar a ese punto, hay que recordar que unirnos a nuestros hijos en el mundo infantil que ellos habitan es mucho más productivo que intentar llevarlos a nuestro mundo adulto de horarios y planes. Esto no significa que no existan reglas que deben respetarse, sino que las cosas que debemos hacer no tienen por qué robarnos el disfrute de lo que hacemos. Podemos hacer lo mismo pero divirtiéndonos en el proceso.

Psicólogos y pediatras están de acuerdo en que el juego es la mejor manera para que los niños aprendan acerca del mundo que les rodea y sus normas sociales. El juego es también la forma ideal de crear vínculos. Tiene que haber reglas y consecuencias, pero en lugar de enfadarte, intenta que el humor sea tu manera de responder a una situación frustrante. Ponte en el lugar del niño. Mira lo que está pasando desde su perspectiva. Es cierto, reír no es nuestra primera reacción llegado cierto punto de tensión, pero si lo piensas bien, ese es el momento en el que mejor sienta el sentido del humor. Una broma consigue más que mil gritos. Quizá necesites contar hasta diez y respirar hondo, pero créenos cuando te decimos que cuanto más practiques, más fácil te resultará.

 

Dejémonos de teorías y pasemos a ejemplos prácticos.

Qué hago yo —te preguntarás— cuando es hora de salir hacia el cole y mi hijo me dice que no, que él no se viste o que hoy no le apetece ponerse los zapatos, que resulta que los calcetines son en realidad serpientes que se le comerán los pies. Es tarde, estás a punto de estallar y la amenaza de llevarle al colegio descalzo y en pijama ya ha pasado de tu cerebro a la punta de la lengua. Pero ese era tu antiguo yo. Tú nuevo yo, el que sabe cómo convertirlo todo en un juego, ni grita ni se pone nervioso. Tú nuevo yo se inventa un juego antes de llegar a esa situación. Le dices, “Vamos a vestirnos” y simulas ponerte la falda en la cabeza o los zapatos en las manos. Ya verás con qué rapidez te corrige. Tu hijo se sentirá orgulloso de tener razón y será mucho más cooperativo. También puedes cronometrar cuánto tarda en estar listo y retarle cada día a que rebaje ese tiempo, o levántate con diez minutos de más y dedícalos a hacer algo con él.

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Otro reto suele presentarse a la hora de comer. Hoy toca verduras, o pescado, o verduras con pescado. No queda ketchup y tu hijo se empeña en no querer probar bocado. Tu yo juguetón recuerda que a los niños les encanta comer fuera de la mesa, así que le das un pequeño anticipo de la cena (zanahorias, un trozo de queso, un poco de pan) para que se lo coma sentado en el sofá, por ejemplo. Además, cuando os sentéis a comer, en lugar de centraros en los alimentos o en si come o no, prestadle atención a lo que ha pasado a lo largo del día. Preguntad a vuestros hijos cuál ha sido su parte favorita o la más divertida. Compartid también vuestro día con ellos, las cosas que os han gustado, lo que os ha puesto de buen humor. Si habitualmente la hora de las comidas es un drama, dale la vuelta a las cosas e intenta sorprenderles. En lugar de cenar donde siempre, haz un picnic en el salón o debajo de la mesa, por ejemplo. ¿No sería divertido?

¿Y qué pasa cuando es hora de recoger los juguetes? Es mucho mejor que conviertas el momento de recoger en un juego en sí mismo. Diles que se han transformado en un imán o una aspiradora y quieres ver cuántos juguetes son capaces de recoger de una sola vez. O pon música mientras recogen y cada vez que la pares, el que aún tenga un juguete en las manos tiene que recoger dos juguetes más antes de que la música suene de nuevo.

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Cae la noche. Parece que nunca llega la hora de acostarse. Tus hijos siempre necesitan algo más. Que si otro beso, que si más agua, que si tengo que ir al baño otra vez… Es mucho mejor que intentes relajarles con lo que la psicóloga Doone Estey llama “un hechizo de felices sueños”. No te preocupes, no necesitas ancas de rana ni la crin de un corcel salvaje. Estos “hechizos” consisten en crear junto a tu hijo una imagen mental placentera. Evoca con él algo que le guste, hablad de cómo es, de cómo le hace sentir y en ese momento cuenta del cinco al cero lentamente y cuando esté relajado… ¡ta-dá! el hechizo está echado y el niño se queda con esa imagen mental. También puedes cubrir al niño con la yema del “huevo del amor”. Imita el movimiento de cascar un huevo sobre la cabeza de tu hijo (hazlo suavemente), y de forma lenta desliza tus manos cual viscosa yema de huevo desde su cabeza hasta los pies, extendiendo la “yema” por todo su cuerpo mientras le ayudas a visualizar un momento agradable de su día o algo por lo que estar agradecido. Este ejercicio tan simple no solo le relajará sino que además le ayudará a sentirse protegido y bien consigo mismo.

 

Esperamos que estas ideas te sirvan de inspiración para convertir los futuros momentos de frustración en una manera de estrechar lazos con tus hijos a través del juego. Si tienes algún juego o truco infalible que os ayuda a transformar situaciones estresantes en instantes agradables, ¡compártelo con nosotros!

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