La historia de la peonza

La historia de la peonza

Juegos como la rayuela, las tabas, la comba, el aro, las canicas o el yo-yo están en la memoria de todos nosotros. Hacen que evoquemos momentos felices de nuestra infancia y recordamos cómo con unos sencillos mecanismos todos somos capaces de tener diversión durante horas, solos o con nuestros amigos.

Algunos de estos juegos tradicionales han ido evolucionando y siguen estando de plena actualidad. Es el caso de las peonzas. ¿Quién diría que un juego tan antiguo seguiría gozando de semejante popularidad, convirtiéndose incluso en un reto de habilidad? Más que nunca las peonzas están de moda y viviendo un momento de gloria. Se trata del más claro ejemplo de cómo un juguete puede ser actualizado, renovado, rejuvenecido, modernizado y transformado en un auténtico acontecimiento novedoso, solo apto para los más habilidosos, y en una herramienta de ocio para fomentar la destreza y la creatividad de todos, jóvenes y no tan jóvenes.

Ahora las hay con luz y fabricadas con materiales súper resistentes y ligeros que permiten realizar trucos increíbles a los más avanzados en el arte de la peonza… ¡casi no parece el mismo juego que usaban nuestros padres o abuelos!

La historia de la peonza

Pero vamos a hacer un breve repaso por la historia de este artilugio, la peonza, también conocida como trompo, que tan buenos ratos nos ha dado, nos da y nos dará.

Realmente es uno de los juegos más antiguos que existen. Su origen no está del todo claro, sin embargo, y se han encontrado evidencias de su existencia en casi todas las culturas del mundo desde tiempos muy lejanos. Nada menos que aproximadamente en el 4.000 antes de Cristo ya había peonzas, pues ha habido hallazgos arqueológicos de trompos fabricados con arcilla a orillas del Éufrates. Aunque realmente se cree que tiempo antes la peonza formaría parte de otro sistema para hacer fuego mediante rozamiento con una madera, de ahí su origen incierto.

Fue un juguete habitual entre las culturas clásicas griega y romana. Fabricaban peonzas de madera, de terracota o barro cocido, y realizaban multitud de juegos grupales. Hay varios escritos de la época en la que se daba evidencia clara de su existencia, por ejemplo Catón, político y militar romano, recomendaba a los padres que sus hijos jugasen con las peonzas, al ser este un entretenimiento más adecuado y seguro que los dardos (otro pasatiempo habitual de la época). En los versos de la Eneida del poeta Virgilio ya se hablaba sobre ellas, dice así: “Como el trompo gira impulsado por la cuerda retorcida con el que los niños en gran corro juegan por los patios vacíos y practican atentos su juego”. Además, en el Museo Británico se conserva una encontrada en Tebas que data del año 1.250 a.C. También se hallaron diversos ejemplares en yacimientos de Troya y Pompeya.

Otros autores, como Platón, mencionaron las peonzas en sus escritos. Platón nombró en concreto el strobilos, que se trata de un tipo de peonza que produce un silbido al rodar en torno a un aro. En este caso, más que como un juego, al filósofo le servían como inspiración y metáfora sobre el movimiento.

historia peonza
En la Edad Media, concretamente en la Inglaterra del siglo XIV, se las relacionaba con determinados ritos y se llevaban a cabo carreras de peonzas en las que competían las diferentes parroquias coincidiendo con los martes de carnaval (fin de un ciclo de ayuno en aquel momento).

Pero no solo en la Edad Media se utilizaban para ceremonias. En otras épocas y culturas también se usaban como instrumento para realizar ciertas profecías, adivinaciones y otros rituales, o como juegos de azar.

En Oriente también tuvieron mucho auge. En países como China y sobre todo en Japón fueron un juego extremadamente popular, sobre todo la peonza denominada perinola y los niños empezaron a hacer de ellas un auténtico arte y a bailarlas de forma espectacular.

En el continente americano, desde las antiguas etnias peruanas, hasta Argentina, Chile o México usaban ya este entretenimiento con algunas variantes locales. También una tribu de indios norteamericanos, los hopi, las utilizaban para distraerse y practicar juegos de destreza.

En definitiva, las peonzas han girado por todos los confines del planeta y se llamen como se llamen y tengan la forma que tengan han pertenecido al abanico de juguetes propios de la infancia de casi todos los niños del mundo.

En la actualidad, no solo se trata de un juego infantil, sino que adolescentes y jóvenes son capaces de mostrar su gran pericia en esto, de innovar nuevos trucos y de crear alucinantes coreografías conjuntas.

Anímate a probar el arte de la peonza, conviértete en un auténtico experto y monta tu propio espectáculo con tus amigos haciendo un sinfín de trucos y acrobacias. ¿Te apuntas a bailarla?

 

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